¿Cuanto cuesta vivir en el marco incomparable?

La verdad es que soy una enamorada de mi ciudad, es fácil presumir de la belleza de Donosti. Todo el que pasa por aqui se queda enamorado de ella. Decimos mucho de los Bilbaínos pero lo de los Donostiarras también en muchas ocasiones ralla lo excesivo.

Si, tenemos una ciudad preciosa y aunque el tiempo no nos acompañe en muchas ocasiones sabemos disfrutar de ella. Podría explayarme en poner a San Sebatian por las nubes y seguro que nadie tendría nada que objetar.Podría dedicar este post a poner fotos bonitas,a contaros porqué El Peine del Viento es mi lugar para pensar, porqué me emociona la Plaza de la Constitución, porqué me gusta pasear por el puerto o porqué cada vez que paso por Duque de Mandas no puedo evitar recordar que ahí estuvo Atotxa, el campo de fútbol de la Real Sociedad y un sinfín de anecdotas sobre los recobecos de esta ciudad.

Voy a hacer algo mas difícil en este post y es criticar,pero criticar de una manera constructiva y argumentando todo lo que pienso. Me parece que a veces pecamos de mirarnos el ombligo en exceso y muchas veces esto nos hace perder la perspectiva de las cosas. Entiendo que el nivel adquisitivo de las comunidades autonomas de este santo país no es el mismo pero hay cosas que no son de recibo.

Y el otro día viendo un programa de humor de la ETB me topé con un sketch que englobaba todas esos grandes peros que tiene mi ciudad. El tema “pintxos” es un autentico escándalo y no tanto por esos locales que nos deleitan con pequeños bocados dignos de grandes restaurantes, hablo de pintxos normales y corrientes. Ya puede ser un pintxo de tortilla de patata, una croqueta o un pintxo de chatka. Cualquiera de ellos en cualquier sitio nos los cobran a un minimo de 1,80€ (300 pesetas señores), y en la gran mayoría de las ocasiones pagamos por una croqueta mala, una tortilla mediocre o una chatka de oferta de supermercado.

Peor todavía me lo ponen los que quieren ir de innovadores poniendo unos hilillos de reducción de módena, unos germinados o unas escamas de sal sobre un pintxo y se sienten con la legitimidad de cobrarnos de 2 euros para arriba.

No puede ser y este invierno los hostelero se han dado cuenta de la bajada de afluencia en sus bares. A la gente no le llega. Los hosteleros han puesto en marcha varias iniciativas. Entre ellas el pintxopote que esta funcionando muy bien, se hace una vez a la semana, va por barrios. Consta de un pintxo y una consumición por 2 €, en este caso hay locales que se lo curran mucho y el boca a boca funciona fenomenal.

Tuvimos también el Keler Pintxo Week, una oferta interesante que  por el módico precio de 10€ nos deleitaban con 4 pintxos y 2 Kelers. La verdad es que probé sitios estupéndos, mi preferido Bokado, ya os hablé de él y el peor sin duda el Restaurante Txuleta.

Tengo que decir que su croqueta de txuleta era maravillosa y su crujiente de morcilla con manzana mas que digno pero llegó el pintxo que englobaba todo lo que quería exponer en este post. Si lees “pintxo Donostiarra” ¿Qué esperarías? Viendo la ciudad que tenemos algo maravilloso ¿no? Madre mia cuando vi lo que era. Un volovan de supermercado seco y rancio relleno de chatka con mahonesa, eso era el pintxo Donostiarra. Ademas este pintxo iba acompañado del “nosalero” y la “nosonrisa” del camarero, algo que me cuesta mucho digerir. El caso es que este es otro timo mas y te das cuenta cuando bajas al sur y con tu cervecita o tu vino te sacan esas tapitas tan estupendas y entiendes que vivir en un marco incomparable tiene un precio.

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