Sorbete de paraguayos y ron blanco

Esta intro podría ser la segunda parte de la Receta de la mujer perfecta sin ningun problema. No soy una mujer perfecta ni lo quiero ser. Creo que en lo imprefecto se puede encontar esa belleza especial, esa que solo ves tú, la belleza única. Nunca he sido una mujer de 90-60-90 ni tampoco lo he pretendido. Jamás he sido capaz de hacer un dieta, ni lo he intentado. No me gustan frases tipo “con lo guapa que eres que pena”. ¿Pena? A mi me la daría si sufriera de hipertensión, colesterol, diabetes… Siempre he estado mas sana que una manzana, ¿hay algo mejor que eso?

No creo en duendes que encogen la ropa por la noche, creo mas en los atracones de chocolate a las diez de la noche despues de ver ese anuncio de Lindt. Lo que si creo  fervientemente es en los cuerpos inteligentes. Si, si los cuerpos inteligentes esos que acumulan por si viene una guerra quimica, nuclear o similares. Los delgados caeran antes, este es el consuelo que me queda.

Si es cierto que las mujeres de verdad tienen curvas, yo soy muy de verdad y no me importa decirlo. No es que me haya sentido orgullosa ni nada porque me parece una solemne gilipollez sentirse orgulloso por el cuerpo que uno tiene. Soy mas de ejercitar mente que cuerpo.

El caso es que pensareis que peso 200 toneladas para tener este tipo de pensamineto y la verdad es que no. Mi unico pecado es tener la talla 42 y medir 1´58. Estos patrones que no entran en una sociedad donde se relaciona la delgadez con el éxito. A mis 34 años son reflexiones desde el sentimiento de indiferencia a los que piensen que estoy gorda pero en otra época, en esa que llaman adolescencia jorobaba un rato. Y eso que lo que siempre me ha sobrado, a parte de kilos, ha sido personalidad para afrontar que no todos podemos ser iguales y como siempre he pensado, la gordura tiene solución el borreguismo no.

Esta receta os la dedico a todas vosotras. No os voy a decir esa frase tan horrible de quereros vosotras para que os quieran los demas. Quereros vosotras para respetaros a vosotras mismas, a los de mas que les den lima.

SORBETE DE PARAGUAYOS Y RON BLANCO

INGREDIENTES:

400 grs de paraguayos

60 gramos de azucar glas

El zumo de un limón pequeño o medio limón grande

Ron blanco

INSTRUCCIONES:

Esta receta  es muy fácil, lo que si necesitamos para que nos quede mejor es una heladora aunque también la podeis hacer sin ella, con un poco mas de paciencia. Empezaremos cortando los paraguayos y quitandoles el hueso, los meteremos en una vaso batidos con el azucar glas y el zumo del medio limón. Batiremos bien y colaremos para quitar los restos de pieles.

A continuación le añadiremos un buen chorro de ron blanco, esto a gusto del consumidor, yo soy de tomarme las copas suaves.  Tendremos la cubeta de la heladora ya bien fría. Montaremos nuestra máquina, la pondremos en marcha e iremos incorporando la mezcla. En unos 10/15 minutos escasos tendremos el sorbete preparado. Yo no tenía pero unas flores de lavanda me parecen una combinación ganadora

Trucos:  Para hacerlo sin máquina, una vez que tengais la mezcla hecha la echaremos a un recipiente metálico y lo meteremos en el congelador. La primera vez esperaremos una hora y removeremos. Las siguientes cada media hora un par de veces o tres. Y si se os congela mucho y le quereis dar un toque mas cremos la pasais un poco por la batidora antes de servir.

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Categorías:combinados, postres, recetas para ocasiones especiales

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6 respuestas

  1. Buenas!
    Chata! pero que te ha dado hoy! a ver, he visto fotos tuyas en instagram estos dias, y eres una chica totalmente normal fisicamente! gracias a dios que no eres una escualidad mujer flaca! porque eso es tan enfermizo como una chica que pese 130 kilos, los extremos en esta vida no son buenos en ningun lado, ni en nada, te lo dice un chico que peso 125 kilos, asi que se de lo que ma hablo, con dieta, mucha fuerza de voluntad y algo de ejercicio he conseguido bajar un viaje de kilos hasta quedarme en 73 kilos, no lo he hecho por la sociedad, ni por nadie, bueno si, por mi hija! Mi salud era buena, los chequeos anuales que me hacia asi lo decian, pero hasta cuando? cuando nacio mi hija dije, esto tiene que cambiar, y asi lo hice, ahora una dieta sana, equilibrada, en la que no me privo de nada, pero tampoco abuso de nada, me voy manteniendo y la vedad es que mucho mejor que antes…

    Por cierto, hablamos de comida o que? 😉 La receta como siempre impecable, la mejor compra que he hecho en bastante tiempo ha sido la heladora, joder, le estoy sacando un provecho que ni imaginaba, y los sabores que he llegado a sacar en mi casa, no tienen que envidiar en nada, pero en nada!! a los de las heladerias que andan por aqui, y eso que hay un par de italianas con bastante nivel…
    El otro dia hice uno de stracciatella con una receta que me dio un amigo-cocinero italiano, y cusualmente tambien iba acompañado con ron blanco, y quedo impecable, como pinta este tambien! un dia de estos lo hago!

    Como siempre un placer pasar por aqui!

    Saludos Ainara!

    • Uyyyy he tenido hasta la talla 48! Y también he estado en la 40. De ahí no me muevo. Yo estoy bien conmigo misma que es lo mas importante. Hay que asumir lo que uno es.

  2. Cierto apareció una báscula en una selva, de esas que se utilizan para medir Kilos.
    Los animales jugaron con ella durante algún tiempo, hasta que un papagayo que había escapado de un zoológico les explicó cómo funcionaba, y todos por turno fueron pesándose.
    Al principio todo era un juego, cada animal veía cuánto engordaba o adelgazaba cada día, pero pronto muchos comenzaron a obsesionarse con su peso, y cada mañana lo primero que hacían era correr a la báscula, pesarse, y poner muy mala cara el resto del día, porque marcara lo que marcara la balanza, siempre pesaban lo mismo: “más de lo que querían”.
    Según pasaron los meses la báscula comenzó a sufrir las iras de los animales, que le regalaban pataditas y malas miradas cada día, hasta que un día la báscula decidió que a la mañana siguiente las cosas cambiarían.
    Aquella mañana la primera en correr a pesarse fue la cebra. Pero en cuanto se subió a la báscula, ésta comenzó a hacerle cosquillas en sus pezuñas descalzas. Pronto encontró el punto justo, y la cebra no dejó de reir a carcajadas.
    Aquello le pareció tan divertido, que ese día ni se preoucupó de su peso, y se marchó alegremente a tomar su desayuno por primera vez en mucho tiempo.
    Lo mismo ocurrió con cuantos fueron a pesarse ese día, y el siguiente, y el siguiente… de forma que en poco tiempo nadie estaba ya preocupado por su peso, sino por comentar lo divertidas y simpáticas que eran aquella balanza y sus cosquillas.
    Con los meses y los años, la báscula dejó de marcar el peso para marcar el buen humor y el optimismo, y todos descubrieron con alegría que esa era una forma mucho mejor de medir la belleza y el valor de las personas, de modo que en aquella selva nunca más hubo nadie preocupado por aquella medida anticuada y pasada de moda que llamaban kilo….

  3. Gracias a Dios, eres normal……. estaba yo preocupada, estas chiquitas con lo bien que cocinan y encima estaran super-flacas……. que disgusto…. porque a mi no me pasa, yo engordo; pero lo que disfruto en una mesa acompañada de amigos comiendo y bebiendo . bla. bla….. sobre todo ahora que he descubierto, por ejem. este blog. que me encanta y ma anima a cocinar “sin complejos”…Que alegria….!!!!!

    • Jajajajja. Que buena es la normalidad, me encanta! -imposible que te guste tanto la comida y que estes en una talla 36. Aunque si es verdad es que algunas tienen suerte y no tienen un cuerpo inteligente como el mío.

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